Fórmula E: La carrera de la electromovilidad

La inédita carrera de monoplazas eléctricos que recorrieron las céntricas calles de Santiago en febrero de este año buscó convertirse en un potente canal de difusión y promoción de la movilidad eléctrica en el país.

La inédita carrera de monoplazas eléctricos que recorrieron las céntricas calles de Santiago en febrero de este año marcó un hito para el automovilismo nacional. Pero fue mucho más que un evento para fanáticos “tuerca”. También buscó convertirse en un potente canal de difusión y promoción de la movilidad eléctrica en el país.

Para las autoridades, fue un hito histórico. Para los organizadores, una fiesta. Para los asistentes, un evento imperdible. Y para algunos vecinos del Parque Forestal, sólo molestias. Lo cierto es que pocos quedaron indiferentes ante el debut de la ABB Fórmula E en Santiago, una carrera de vehículos eléctricos que literalmente paralizó a parte de la ciudad de Santiago a comienzos de febrero de 2018.

La fecha, sin duda, será recordada por los amantes del automovilismo. Es que a diferencia de la Fórmula 1, que nunca ha pasado por Chile y que sólo anota esporádicas visitas a Sudamérica, la Fórmula E no demoró mucho en aterrizar en el país.

En su cuarta temporada, esta categoría oficial de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) llegó a Santiago con un circuito urbano que permitió ver a 40 monoplazas eléctricos circulando a gran velocidad por las céntricas calles de la ciudad, en un espectáculo que fue visto, según los organizadores, por 200 millones de telespectadores alrededor del mundo y otros 30 mil que presenciaron la carrera en las graderías que rodearon la pista.

Movilidad eléctrica

Pero esta carrera fue mucho más que una competencia de autos. Desde que se confirmó en Chile, la Fórmula E fue promovida tanto por el gobierno como por la FIA y las empresas asociadas como un evento para difundir la movilidad eléctrica y los beneficios que tiene la utilización de este tipo de energías no contaminantes.

Es así como distintas empresas y entidades públicas y privadas participaron de la carrera a través de auspicios y stands que se montaron en una amplia zona habilitada en el Parque Forestal llamada “E-Village”.

“Hemos querido darle visibilidad a la movilidad eléctrica y mostrar que es posible avanzar en este ámbito en Chile. Por tanto, traer este evento no es sólo para tener una fiesta deportiva, sino que también dar la señal de que es posible que las ciudades puedan incorporar la movilidad eléctrica. Esto es coherente con el trabajo que hemos estado haciendo para hacer de Chile un modelo más sustentable y contar con una matriz energética mucho más verde”, afirmó el ministro de Energía, Andrés Rebolledo.

Oportunidades para el país

La electromovilidad también representa una oportunidad única para el país: la posibilidad de tener una economía de escala que permita, en una primera instancia, fabricar materia prima para las baterías que requieren los vehículos eléctricos y quizás a futuro, hablar de fábricas para este tipo de autos.

Es que Chile, al ser un país líder en producción de cobre y con un gran potencial en el litio, tiene mucho que decir al respecto. Ambos minerales son considerados como bienes esenciales para el desarrollo de la electromovilidad, lo que pone al país en una situación de privilegio para el desarrollo de estas tecnologías.

Según explica Álvaro Merino, gerente de Estudios de Sonami, Chile posee las mayores reservas del mundo en estos dos minerales, que, de acuerdo al Servicio Geológico de Estados Unidos, actualmente es de un 47% en el caso del litio y 22% en el cobre.

En el caso específico del litio, Chile tiene un rol importante en la producción de este mineral, ya que en el Salar de Atacama están las mayores y mejores reservas del mundo. ¿La razón? Las salmueras de este salar poseen altas concentraciones de litio, lo que constituye una ventaja competitiva relevante respecto de otras regiones del mundo sumado a los bajos costos de procesamiento, debido a su buena distribución de iones.

Con este escenario, Merino cree que como actor relevante en la producción mundial de cobre y de litio, Chile debe aprovechar la ventana de oportunidades que se abre con el crecimiento de la demanda de estos productos con la electromovilidad.

Pero Merino hace una diferencia entre el litio y el cobre, ya que son dos mercados de diferente tamaño. Las cifras así lo revelan. La producción mundial de litio, medido como carbonato de litio equivalente, es del orden de 220.000 toneladas, de las cuales Chile produce un 36%, estimándose un mercado de US$2.600 millones. En tanto, la producción mundial de cobre es de 23 millones de toneladas, estimándose un mercado de US$140.000 millones, es decir, 54 veces el tamaño del mercado del litio.

En el caso de Chile, en el año 2017 los envíos al exterior por concepto de litio alcanzaron a US$ 700 millones, mientras que, en el caso del cobre, llegaron a US$35.000 millones, esto es, 50 veces el producto no metálico. Un punto de vista distinto tiene Jaime Alée, del Centro de Energía de la Universidad de Chile, quien asevera que para el desarrollo de la electromovilidad no se requiere la explotación de litio. ‘Los países líderes en electromovilidad en el mundo no producen litio. Tampoco para electrificar un país se requiere producir cobre ni para producir autos se necesita fabricar aluminio’, expresa el especialista, añadiendo que el litio y el cobre son materias primas que se usan en algunas industrias, como la electromovilidad. ‘Son insumos y es un buen negocio, pero ello no implica que sea una condición para desarrollar esta industria’, aclara Alée. Pero en lo que todos coinciden es que Chile debe sumarse al carro de la electromovilidad y aprovechar sus beneficios, no sólo en términos ambientales, sino que también en el plano económico. Y mientras antes lo haga, mejor. ‘Estamos convencidos que la electromovilidad es el camino a seguir, para lo cual existen proyectos en curso enfocados al desarrollo de productos con alto valor agregado, como cátodos y celdas de baterías, que se espera nos posicionen en un ámbito más allá de tan sólo proveer las materias primas’, concluye la ministra de Energía, Susana Jiménez.

Fuente: Revista Nueva Minería y Energía

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